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miércoles, 6 de enero de 2010

DESPUECITO DE ENTERRAR LOS LIQUIDADOS HUESOS DEL AÑO VIEJO

Anduve muy fatigado, como si sobre mi lomo hubiera llevado a enterrar el Año Viejo y a la vez con la chamba de una comadrona ayudando a llegar al Año Nuevo. ¡Vaya danzas! Pero ya me estoy reponiendo.
No malicien que me aventé mis chingueres y por eso estoy maltrecho, o que es lo redengado de la cuesta de Enero. Bueno, algo hay de eso. Pero no estoy como burro pasmado engrosando con paciencia la fila de la casa de empeño.
En fin, caminando por las calles angelinas cavilo que en este enorme país gente de todas latitudes, colores y credos adopta una visión cada vez más homogénea para pensar y mirar el mundo.
Por ejemplo, darle feliz comienzo al año es la consigna de todos, y aunque andes quebrado y con el Jesús en la boca, este sistema de consumo tiene perfectamente diseñados planes apetecibles para cada individuo, a fin de que sigas enganchado sin remedio. Están desde los grandes promocionales para la compra-venta de suntuosas mansiones, pasando por el clasemediero instinto del “ordene ahora y pague después”.
Sin embargo, lo que ocupa a la gran mayoría de jodidos es empezar a llevar alhajas (suponiendo que las tengan y no sean de oro del que zurró el toro) y toda clase de aparatos (y hasta sus calzones Zaga, mexican textilera) a las llamadas Shawn Pawn o tiendas de empeño, en este frío Enero de los desamparados.
Todo cabe en esta inmensa jaula de oro. Hay de todo y para todos. Unos a empeñar sus cosas, otros a endeudarse más, hasta que el costal aguante. Y el mojado alimenta sus aspiraciones de grandeza con amor del bueno, aunque no se deja estandarizar tan fácilmente…
Ojalá que el nene Año Nuevo, nos sonría luminosamente. Sé que los recién nacidos, aún con los ojos cerrados sonríen. ¿De qué sonríen? De la Gloria, ni qué dudar. La tienen en corto, a tiro de pestañazo.
Con el entierro del año viejo uno debe dejar las pesadeces también en la cripta, las fatigas, los desánimos. Sentir lo renovado de este nuevo año, sus efluvios de bebé ternurón. Hay que seguir jalando. Somos los supultureros que dijimos adiós al ayer. Somos las comadronas, como Sócrates, que forcejeamos para que venga lo nuevo, no importa que entre pujidos, sudor y lágrimas.
Guardo la pala enterradora. Guardo los pañales, por lo que requiera el beibi 2010, soy un mojado a merced de los vaivenes del Dios Tiempo. Un año más viejo, nadie se escapa de eso. Sea yo o mi compadre Obama.
Por cierto, uno de los Reyes Magos, el negrito, este año anda culeco por ir a la Casa Blanca a darle su regalo a su paisa. ¡Por todos los cielos! ¡Qué despropósito!

domingo, 3 de enero de 2010

EL ANGEL QUE FUE ALCANZADO POR UNA BALA

La noche angelina se cimbró con lo sucedido a un tocayo suyo. Y aun siendo urbe de acero clamó al cielo que protegiera a su congénere.
Eran fines de los años ochenta, la violencia dejaba profundas cicatrices en el hombre de la calle, el ciudadano común, y no pocos se vieron en la gran encrucijada de su vida.
Angel había llegado a Los Angeles en 1989, desde su patria El Salvador, donde también la violencia había cobrado rasgos tan virulentos que el éxodo era cosa común. El conflicto bañaba en sangre a su tierra. Angel Barrientos entró a los Estados Unidos ilegalmente, como muchos otros. Era un joven más de los 70 millones que abandonaron su patria para adoptar una nueva nacionalidad, otra lengua, tierra y cultura diferentes.
Ya estando en Los Angeles, nuestro centroamericano trabajó de obrero. Un día apareció, en los frecuentes renglones de la nota roja la agresión que sufrió un grupo de trabajadores de la American Apparel, importante empresa de costura, bordado y confección de ropa.
Al doblar por la Alvarado st., cruzando la Sunset boulevard, una jauría de pelones enmariguanados le salió al paso a un pequeño grupo de trabajadores, golpeándolos sin piedad. Dichos empleados, a deshoras de la noche, retornaban a sus respectivos domicilios. El instinto de supervivencia empujó a las víctimas a emprender veloz huida, pero las balas criminales terminaron por derribar a dos de ellos. Uno de los heridos era Angel, el proyectil se había incrustado a mitad de su espalda, llevándolo a un estado comatoso por varias semanas y ocasionándole la inmovilidad física de por vida.
Lo que no había hecho la guerra de su país lo vino a hacer un grupo de pandilleros. Huyó de su patria para salvar la vida, pero los malvivientes lo dejaron paralítico.
Cuando Angel se vio en una silla de ruedas no fue presa de lamentaciones ni cayó en depresión o quejas sin sentido. Sintió que volvió a renacer, que se le daba una nueva oportunidad de seguir en este mundo, y realizó una profunda valoración de lo vivido. Vio lo que tenía que desechar, conductas personales ya inoperantes, modos de ser inconscientes, ahora vistos ante la nueva luz
acabada de recibir (junto con la bala, oh paradoja). Si un proyectil no te priva de la vida, por fuerza ha de reforzártela.
Entonces, volviéndose un experto en la silla de ruedas, adquiriendo gran habilidad en su manejo y fuerza en los brazos, el carácter también tuvo enorme cambio, se volvió mucho muy alegre, optimista, y decidido a dar la mano a todo el que la necesitara y hacer el bien cuantas veces se pudiera.
Empezó también a prepararse, a continuar sus estudios, se inscribió en la Universidad del Sur de California, ya con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos, pues Angel se había beneficiado con un programa de ayuda a minusválidos. Una bala le había traído rudamente, a golpe de acero y beso de sangre rompedor de vértebras, la regularización de su estatus de inmigrante.
Un Angel había sido tocado por una bala que, negándose a matarlo, instrucciones con que había sido enviada, prefirió dejarlo inválido. Los ángeles se respetan. Los Angeles no mueren. Son inmortales como la ciudad que los ampara.

sábado, 2 de enero de 2010

ARROYITO CLARO DE MEMORIAS Y EL NOPAL ESPINOSO EN LAS SIENES

Cuando veo estas flamantes escuelas de primer mundo que abundan en Los Angeles recuerdo que, de niño, una mañana miré un grupo de gente afanándose al norte del Libramiento.
Yo iba a la primaria y allá rumbo al cerro, cargaban pesado cargamento de palos, picos y palas.
Iban alegres, cantando, chiflando, platicando, y ponían cartones, tablas, y hasta láminas de fierro, amontonando cargas y más cargas. Mi padre me dijo: Son maestros y esa gente que está junto a esa ladera son padres de familia que van a hacer otra escuela; ya tienen muchas semanas trabajando con empeño, pero les puede ir mejor si presionan al gobierno, porque es seguro que esté autorizado el proyecto, todo aprobado, pero no hay presupuesto. Ya les urge abrir una secundaria nueva.
Por cierto, el maestro Rafael Ojeda dice que estas memorias corren como arroyito claro.
Y la verdad es que son huellas del agua sobre las piedras. Cuántas escuelitas de palitos llegamos a levantar, junto a los padres de familia, cuántos rostros felices debajo de frágiles techos en rústicos asientos.
Mis hijas se han educado en esas escuelitas de madera, que se yerguen en medio de casas de cartón.
A lo largo de mi vida he sido Gasparín el mojado, el paletero, el tirador de panfletos, sandwichero, cronista de los pateperros mojados que se vienen por hambre y necesidad a este país, pero me quiero reivindicar como un educador que anhela tiempos mejores para el país, el maestro que retornará al aula, el que seguirá estudiando, el que solicitará en su momento oportunidad de colaborar en grandes o pequeños proyectos, todos en el ámbito educativo.
Tengo la plena seguridad de que se iniciará un cambio en México. Porque trabajo es gusto, recompensa, productividad, crecimiento y transformación social, disciplina e inviolabilidad de lo justo y evitar la corrupción.
Y cómo decía un lector de las “Aventuras de un mojado”: “¡Ánimo! a desestructurar el pensamiento de lo aprendido en el hogar y en lo social y plantearse cómo quiere vivir cada quien para estructurar este nuevo país, así como lo realizó Japón después de la segunda guerra mundial”. (O Singapure, pongamos por caso).
Y ya que mencioné las “Aventuras de un mojado” comentaré que por lo regular hablo en ellas de la metamorfosis del mexicano, como aquellos que ven transformadas sus condiciones de vida, sobreponiéndose a la avalancha de problemas cotidianos, emergiendo con creatividad, pero con un alto sentido de snobismo, que raya en las más ridículas excentricidades, para decir aquí estamos los mojados más "open mind" (mente abierta) de la "post-modernidad". Mojados con pelo pintado, pero con un nopal espinoso en las sienes.
Los chicanos, la híbrida cultura desarrollada por las familias que, arrancadas por la historia y sus necesidades personales de nuestro suelo patrio, adoptaron otra nacionalidad, otra lengua y otros valores existenciales, echando a la posteridad raíces, troncos y frutos de una nueva cultura.
Maestro en activo o no, donde quiera que esté y a donde quiera que vaya deseo seguir escribiendo

miércoles, 30 de diciembre de 2009

LAS RAREZAS Y EL MITO DEL SUEÑO AMERICANO

Otra de las cosas raras es la referencia al famoso "sueño americano" (american dream), que es algo así como el envidiable estilo de vida de la clase media norteamericana, hoy perturbado por el problema inmobiliario y el crack financiero.
Para el mojado eso del sueño americano es pura jalada, pues sólo viene por unos dólares y se regresa pa' su rancho, algunas veces para no volver.
País donde pagas tus impuestos y te dan algunas cantidades de reembolso y los recursos públicos se manejan con cierta transparencia.
El presidente norteamericano juramenta su poder poniendo la mano derecha arriba y la izquierda sobre la Biblia. No es asunto propiamente de religión pero sí de protocolo.
Acá no hay limosneros o pordioseros sino más bien gente atenida y güevona, a la que no se le ignora pues hasta el drogadicto muerto de hambre tiene su taco seguro en las misiones de ayuda humanitaria, esto aunque se crea que este país es de corazón duro.
Rareza también el hecho de que puedes comprar tu periódico en unas maquinitas en donde depositas tus monedas y sólo tomas un ejemplar, sin transearte los demás.
Rareza también las excentricidades que uno ve en la piel y el cuero cabelludo de la gente. En la inusitada variedad de prendas de vestir y calzado. O las gasolineras donde tú mismo te sirves el fluido energético, previo pago en ventanilla.
País de cosas raras, una desmedida libertad pero la inclemente aplicación de la pena de muerte.
Estados Unidos, un mundo raro para el mojado, un mundo que sabe más de dólares y cosas materiales que de compasión y amor hacia el hermano.
Los que visitan este país bien pueden cantar, de regreso a su tierra, como José Alfredo Jiménez:
“Les diré que llegué de un mundo raro, que no sé del dolor, que triunfé en el amor y que nunca he llorado…” (Aunque los mojados no precisamente puedan confirmar los últimos renglones).
Y por cierto que en este mundo de rubiecitos más que raro es un fenómeno haber tanto mojado najayote, de cachucha, tenis y mochila mugrosona. Como intrépidos globos aerostáticos hechizos volando insensatos en el brillante cielo del sueño americano.

martes, 29 de diciembre de 2009

INDAGANDO EL ORIGEN DEL TIO SAM

Vivir en los Estados Unidos es un rollazo, incluso para los que ya gozan de los beneficios y ventajas de la legalidad.
La historia de este país es muy diversa y de tan diversa muy extraña, rara, única.
Nación fundada sobre tantas naciones primitivas, autóctonas, por gente rubicunda y de ojos azules venida de ultramar, de cuya epopeya no se recuerdan imágenes sangrientas, a pesar de tantas guerras (y de que sí episodios muy sanguinarios). Será porque la mayoría de las víctimas eran pobres y nativas de estas tierras.
Se alcanzan a entrever entre la lista de héroes nacionales a los legendarios generales, cuyos nombres quedaron muy bien grabados en los múltiples relatos del viejo oeste, o en la figura de los "grandes fundadores" de la patria, Washington, Jefferson, y larga lista de estadistas desde Lincoln hasta Bush, incluyendo al morenito hawaiano-keniano-americano don Barak Husseim Obama.
Este pueblo conoce su pasado más por mitos y tradiciones que por sucesos y gestas gloriosas.
Su bandera, de cincuenta estrellas y trece barras, simboliza simplemente la división político-territorial de incipiente colonia inglesa al país imperialista de hoy en día.
Estando por acá, me di cuenta que en la memoria ciudadana no se recuerdan lemas ni consignas políticas, mucho menos frases célebres o héroes suicidándose en nombre de los sacrosantos poderes del estado.
Por ejemplo, tenemos el caso del famoso tío Sam, de quien la gente se expresa a diario para referirse al gobierno, sin que se sepa a ciencia cierta el origen de ese legendario personaje.
Me di a la tarea de indagar acerca del tío Sam, ese viejito sombrerudo de pelo largo y barbas blancas, y encontré varias versiones:
En 1812, en plena guerra con grupos pro-ingleses, en una de las guarniciones, los soldados acuartelados recibieron las últimas provisiones de carne, mirando que en todas las cajas aparecía en las matrículas de registro, las iniciales U.S. (United States), y por broma, empezaron a decir que eran un envío del "Tío Sam", U.S. "Uncle Sam", refiriéndose a Samuel Wilson, uno de los proveedores más importantes del ejército norteamericano.
Se cuenta también de dos proveedores de artículos y alimentos del ejército; Ernest Ardler y del mencionado Samuel Wilson. Ernest gustaba de gastar algunas bromas con la gente de tropa y oficiales, así que a las cajas que contenían los avituallamientos, teniendo las iniciales U.S. les encimó con letras muy grandes la denominación Uncle Sam.
Al paso del tiempo se volvió imagen familiar mundialmente conocida.
Para mí el tío Sam es un tipo barbas blancas de chivo, melenudo, con bombín cuajado de barras y estrellas, moño, chaqueta, pero por sobre todo un viejo duro, agarradón, gandalla, que sólo ve la ganancia y si hace algo bueno es porque llevará tajada en la maniobra.
Y si bien viste de payaso, no suele ser divertido. Es un clown de los que asustan a los niños y no tan niños.

lunes, 28 de diciembre de 2009

EL APRETUJADO CORAZÓN DE LA NOSTALGIA

Trabajando duro, con nuestros gorros santocloseros bien puestos, mi amigo Julián y yo conversamos, en pequeñas pausas del duro trajín, acerca de la llegada de la Navidad, aparejada de emociones y sentimientos diversos, todo depende de la carga que estemos sobrellevando y la capacidad de nuestros amortiguadores y el tren de aterrizaje. Es natural en esta temporada.
Es tiempo de recogimiento y de encuentro con la familia, pero ¿a dónde te recojes y con qué familia?
Es ahí donde entran en juego las inexplicables fuerzas del espíritu, aquellas que nos transportan más allá de los lugares y momentos que nuestros sentidos nos ofrecen, para conectarnos con nuestros seres queridos.
Julián es el cocinero que abandonó su familia para "buscar una nueva vida". En mi caso, si tuviera un conflicto conyugal como el suyo, haría lo posible por agotar los recursos y encontrar salida a los problemas, pero sin dejar el compromiso de proteger y orientar a mis pequeñas hijas. Hacerte responsable de lo que puedes y lo demás dejárselo a Dios, él compondrá en su momento las cosas que debieran componerse y las que no, pues descompuestas estaban.
Pero no hablemos de los terribles dramas que nos hicieron voltear la vista para acá, que nos hicieron emprender esa larga e inexplicable fuga geográfica para llegar a estos sitios y conocer a toda esta gente.
Es Navidad y como quiera que sea logramos establecer contacto con los familiares y amigos más cercanos. Al hablar por teléfono o mirar en la pantalla de la PC la carita sonriente de los hijos, de la esposa, los parientes gorrones, la suegra, y a lo mejor hasta el compadre y el Sancho, todos caben en el arrugado corazoncito del mojado.
Como en todos los lugares, la mayoría de las personas se alistan para la cena navideña, comienzan las largas filas en terminales y aeropuertos, en el caso de los afortunados individuos que ya tienen un rostro y un registro legal de ciudadanía, desde hace tiempo dejaron de ser aves de corral, pollos enteleridos y de vez en cuando culecos y bravucones, para verse transformados en regias aves voladoras, que en unas cuantas horas están pisando de nuevo las polvorientas o bacheadas calles de su tierra.
Y allá van volando alto, muy alto en ultrasónicos aviones, o en autobús, la mayoría de las veces en carro propio, máxime si ahora llevan la trocota aquella que siempre soñaron, con la que darán cientos de vueltas a la plaza del pueblo, apantallando a los lugareños y emocionando a las chicas más lindas del lugar.
Terminado el turno, a unas horas de celebrarse la Nochebuena, le doy su abrazo a Julián y a todos mis compañeros. Somos una familia, la familia del mojado. No importa dónde pase cada quien esta noche, solos o arrimados al calorcito de algún hogar de amigo o de pariente, somos una misma sangre, y la sangre del mojado es sangre azul, de la realeza del trotamundos. Somos una especie de gitanos intrépidos, por ahora canchanchanes de lujo del tío Sam, chalanes de su majestad Los Angeles en el anchuroso imperio de los Yunaites

sábado, 26 de diciembre de 2009

GASPAR Y EL FANTASMA DE NAVIDADES PASADAS

Nostálgico en la Angelópolis, recuerdo que la mejor de mis navidades fue la de 1972.
La vieja construcción marcada con el número 318 de la calle Miñón oriente estaba adornada con farolillos, caireles de papel aluminio y cordeles multicolores adornando los trespeleques y emplagados árboles de la pequeña vecindad del “chueco” Angel.
La noche del 24 cada familia festejaba por separado pero a la vez en común. La del 1, Mery la mitotera, había preparado buñuelos, mi mamita una ollota de pozole con cachetes de puerco, y tepache, en tanto que los del rincón, los del cuarto número 3, tenían tamales y aguardiente traído de Guaynamota, por los familiares de Fermín, el corita, un maestro indígena que seguido llenaba su casa de parientes y amigos.
El cora Fermín y sus primos le entraban duro al guateque aporreando un par de guitarras e interpretando tanto canciones viejitas como de moda...Y quiedo ve tus ojjjos quiedo velos yaaaa... cantaba en un español muy martajado la tribu de coritas, recién llegados a la ciudad capital. Nosotros oíamos con picardía sus acentuadas pronunciaciones y arremedábamos cada una de sus autóctonas exclamaciones, despertando la ira de doña Carmelita, la vieja neuras, suegra del tal Fermín, quien decía, cuando de plano le colmábamos el plato: Bola de muchachos mensos, en balde la “istrucion” que les dan en la escuela...
Los chicos del barrio ya habíamos parado de jugar y, sin lavarnos las manos, le entramos duro al bufette navideño. Ya por la madrugada, mi padre, muy entonado, fue jaloneado por mi jefa y nos metimos a nuestra vivienda.
No sé qué pasó entonces, pero en sueños vi la llegada no sólo de Santo Clos sino del Niño Dios y muchísimas personajes más, pasando por renos, monos de nieve y hasta Grinchs.
Ya por la mañana, brincamos alborotados al ver tamborcitos y cornetas de plástico, una pistola de triquis y una monota de ojos azules. Lo mismo del año pasado, pero algo es algo. Y en eso el sonido de un claxon nos hizo pegar de brincos y salimos corriendo con alegre premonición. Siii... mi tío Chema, el de Colima, había llegado.
Bajándose de aquel estorboso pero muy envidiado LTD, mi tío y dos de mis primos se acercaron a la casa. Cargaban unas cajas llenas de ropa y juguetes. Qué alegría, Para unos niños pobres el mejor de los regalos, un juguete en Navidad.
Todos en la casa estábamos felices, además, porque teníamos un nuevo hermanito, el Gera, el famoso Nanito, apenas de mes y medio de nacido. Era tan, pero tan bonito y graciosito el nene que las vecinas lo chuleaban, diciéndole a mi jefecita; Doña Rosa, había de prestarlo a la capilla de San Antonio, para vestirlo de Niñito Jesús. Mi mamita se regodeaba con tantos elogios y cariñitos para la criatura.
El caso es que estábamos muy contentos. Una familia muy pobre

EL PASTEL DE JUANA Y SU FELIZ NAVIDAD

Esta Nochebuena nos la hizo buena Juana, pero no aquella Juana, la de no te dilates con la canasta de los cacahuates, aunque esta sí se dilató, y bien.
Estuvimos con la familia Tortajada, (sin despegar las sílabas porque entonces es: telera maltratada) de origen tapatío, ya legalizados en los Yunaites, pero conservando sus tradiciones mexicanas y su afecto por los mojados.
Estábamos impacientes —la familia y nosotros los gorriones— desde la abuelita cabeceadora (ideal para delantera del TRI) hasta el nenuco en la cuna.
Y es que esperábamos el pastel de tres leches, que había quedado de traer Juana, apartado desde una semana antes. Juana es la hija menor de los Torta Manoseada, una chula morena que su sólo paso pone en posición de firmes a los transeúntes y hace redoblar la marcha incluso a los paralíticos.
Dijo que nomás se daba una vuelta por una fiestecita (posada) a la que la habían invitado y pasaba por el encargo, que por cierto, se trataba en verdad de un enorme pastel, capaz de dar batería a todo el pelotón de tragones, era una versión en pastelería del gigantesco pavo de mister Scrooge —dicho sea para darnos una idea— de las más afamadas tiendas dedicadas al ramo aquí en Los Angeles.
Esperábamos pues, a la mesa, un tanto apolillada ya, pues el comején sabe apreciar las buenas tablas. Algunos tamborileaban con los dedos, otros, con los codos apoyados en el vejestorio mueble y la piocha sobre la palma de la mano, se mecían indolentes, el nene chupeteaba el biberón más pachiche ya que su apellido. Y Juana que no llegaba.
Ya todos los del barrio habíamos quebrado las piñatas, esquivando los tejocotazos, se había degustado el ponche, y los dulces pasaban a mejor vida. (Por cierto, recuerdo que en mi niñez había los barrilitos de caramelo macizo que dejaban el paladar adolorido pero dulcificado). El pozole hacía rato que saludaba a sus tocayos los dientes, maizote con maizote. Habíamos cenado, pues, y nuestro gaznate ya estaba cansado, además, de villancicos, canciones adoloridas, música pop, rolas de rompe y rasga, y hasta habíamos karaokeado a Kapaz de la Sierra…
El caso es que, para decirlo rápido, Juana jamás llegó. Vino resultando que se fugó con su novio el pelagartón Maurilio. (En verdad le dieron posada). Y quien sabe en qué nido de amor miraron desde la ventana los cohetones y las luces y todos los brillos de la Navidad. Se habían dado la mejor de las navidades, haciendo efectivo el apelativo.
Y nosotros nos quedamos mirándonos los unos a los otros, con la cuchara en la mano, derritiéndose de soledad.
Y Juana riéndose de todos los gorrones del mundo, decidida a formar una nueva familia, para engrosar la raza latina en los Yunaites. Estos dos tórtolos se comieron el pastel. Y no invitaron. ¡Qué leche!
Y ahora más de algún pelado murmura el sonsonete navideño: “Orale, Juana, no te dilates, ni que el Maurilio te coma el pastel…”

jueves, 24 de diciembre de 2009

LOS SANTOS PEREGRINOS EN LA FRONTERA

Desarrapados y desplumados pollos con velitas encendidas, en maltrecho pero numeroso contingente, cantan ante los guardias del muro fronterizo: “Een noombre del cieeelo, oos piido posaaada… puees no pueden andar, aaaar miis patitas mojaaaadas aaadas…”
Y así siguen clamando, sin que la migra les eche un lazo, pero sí acuchillantes miradas, como diciendo: atrévanse a poner un pie en nuestro territorio, bola de mugrosos, y los mandamos con su música a otra parte.
Y un mojado con su embarazada mujer pone ojitos de: “ándenle, mi nombre es José, Pepe, pa los cuates, y esta es mi esposa amada, mariquita linda, los dos mesmamente del merito Guaristemba, Nayarit, pa servir a ustedes…”
Y la migra, fieles seguidores de Herodes, fans de Pilatos, uña y mugre de los fariseos, los mulean, les tuercen la boca; ugh… cuernos (les hacen con los dedos)… Cuernos de Chivo…
Y entonces los mojados se marchan cantando: “Ya se va el mojado, muy entristecido, porque estos gringachos no le dieron nada…”
Y su lamento se pierde en los enrarecidos y muy mexicanos aires de la frontera, y se escuchan risas de Santo Clos, tronar de cuetitos y chisporroteos de lucecitas…
En tanto, en los Yunaites, los humildes peregrinos que sí han logrado a como dé lugar hacer que les den posada, atestiguan, y participan, del consumismo usual en toda época, incrementada, cundiendo aún más, como pandemia, en temporada navideña.
Compra usted algún periódico y casi la mitad de sus hojas son de publicidad, anunciando de todo, vinos, ropa, aparatos electrónicos, juguetes, calzoncillos y tangas coloradas, (para echar afuera la mala vibra)...
Las calles de Santee y San Pedro, en el distrito de la moda, o sea los famosos "callejones" de Los Angeles, se ven de pronto invadidas por enorme turba de paisanos. Miles de gentes hacen su arribo a estos barrios comerciales, en busca de alguna baratija. Lo malo, dicen los comerciantes, es que hay mucha gente y pocas ventas. Y qué querías, compadre, si la terrible recesión está dejando a nuestra pobre gente con el Jesús en la boca.
Y vuelven los peregrinos ante el muro fronterizo: “Een noombre de Obaaama, oos piido pasar, pues los dolariiitos, me traeeen sin dormir, iiir, iiir…”
Pero la migra no es tocada en su gélido corazón, ni por el Niño Dios, ni Santo Clos ni los Reyes Magos, ni San Patricio, ni nadie.
Y los peregrinos vuelven a marcharse, viendo la impiedad de tan crueles posaderos: “Ya se va el mojado muy entelerido, porque estos gringuitos nunca los pelaron…”
A ver hasta cuando los “primos” aprenden de posadas.
Durmiendo en la central camionera, José, al lado de su bolonguita esposa, sueña que los gringachos los reciben con fiestas y no sólo les dan posada sino también risueños y radiantes papeles de legalización express. “Pásenle, hermanos, no los reconocíamos… Entren santos peregrinos...” Pero en eso algo lo despierta, es el que hace el aseo, que intenta empujar con el trapeador las cáscaras de cacahuate que están en el piso, y que son las huellas de la merienda de la pareja celestial urgida de posada.

domingo, 20 de diciembre de 2009

INDOCUMENTADO EN SU PROPIO PAÍS

Este mojado Gasparín también anduvo en las tierras del sur, en lo que se conoce como el corredor de la miseria, Guerrero, Oaxaca y Chiapas. ¿Qué haciendo? La necesidad de unificar al magisterio en su lucha por democracia sindical y mejoras laborales, por un nuevo modelo de educación popular, científico y democrático.
Amén de las experiencias alcanzadas en la actividad sindical, en los intensos brigadeos de información, caminatas por las sierras del sur, de pronto me vi detenido por diminutos seres de la montaña que me marcaron el alto y dijeron: alto ahí, aquí ya no tenemos maestro, se fue desde hace muchos años y no nos mandaron otro. Es más, no lo necesitamos, nosotros tenemos nuestras propias escuelas y los hijos de indígena están preparados para organizar su propio sistema. Usted a lo mejor no es maestro y más bien es agente de gobierno, identifíquese.
Y que me busco entre las numerosas bolsas de mi ropa, mochila y hasta la funda de mi laptop y nada. ¡Chingado!, había dejado mis documentos en la posada donde estaba hospedado. Y mira, qué animal, sin papeles en un territorio de guerra, como quien dice un indocumentado, un mojado en su propia tierra, en la selva lacandona.
Pues ni modo, antes no me sacaron a patadas de la región. Los indígenas son muy nobles y aceptaron mi disculpa y argumentación. Pude hablar con Altagracia, la educadora de ese pequeño poblado zapatista, La Garrucha. Me dijo que ella se había sumado al zapatismo porque consideraba que su lucha era justa. Muchas gracias Altagracia, dije, pero le hice ver que la lucha de los maestros por transformar el sistema educativo en el país también era justa y la invitaba a participar.
Ella me miró con seriedad y luego dijo: a usted lo necesitan más allá en el centro y norte del país, donde la gente aún no sabe organizarse, ni luchar. (Y poca gracia le hallé a que prácticamente me estuviera corriendo. Me sentí como Tintán cuando es aleccionado por Vitola).
Luego de tomar los últimos sorbos de canela con un bolillo medio duro, (y echarme a la bolsa unas galletas de animalito, no sin dolor de mi corazón, porque a lo mejor los dejaba sin desayunar, pero la verdad es que en la extralarga caminata da hambre) me despedí de los chaparritos que montaban guardia en las afueras del poblado. Y tomando mi distancia, di media vuelta y paso redoblado, de regreso a San Cristobal de Las Casas, donde ya me esperaban unos compañeros para iniciar la reunión con los maestros de educación indígena.
Indocumentado, sin identificación en su propia tierra, pero al final de cuentas identificado con las luchas de su gente.
Lo cierto es que temí que una “migra” lacandona me levantara de cantarito y me mandara a freír espárragos lejos de su territorio. Y ni inventarles que soy compadre del subcomandante Marcos hubiera servido.
Entonces sí hubiera dicho como la India María: ni soy de aquí ni soy de allá. Chaparritos, no me desconozcan ustedes, lo que me hagan los gringos no me duele, pero que ustedes me desairen eso sí cala.

sábado, 19 de diciembre de 2009

ALEGATO SOBRE LA NUEVA UNION TRINACIONAL

José de Jesús, Pepe Chuy pa los cuates, es un mojado ducho en temas internacionales. Con él platico bastante, permítanme decirlo pomposamente, de política exterior. (De algún modo tenemos que ingeniárnoslas para componerle el pandero a Calderitas).
Sólo que Pepe Chuy es un tipo demasiado fantasioso. Quien no lo conoce diría: ¿Pos éste de cuál fumó? Pero no. Sólo es que se pone delirante cuando toca los temas que lo apasionan. Entonces hasta la lengua se le traba, tartamudea, hace borucas, y dice cosas tan de prisa, como si se hubiera subido al tren bala y tenemos que correr tras él para seguirle el rollo.
Esta vez nos sale con que se está confeccionando la Unión EUCAMEX, que, a la usanza de la Unión Europea, está formada por varios países, a saber: Estados Unidos, Canadá y México. Y que pronto tendremos una moneda única para los tres; El Pavo. Sí, el Pavo. Como decir el Peso o el Dólar. El Pavo, seguramente en honor al animal emblemático y más querido de los EU. Total que según Pepe Chuy el Pavo rifará desplazando a las monedas actualmente en uso en dichos países. Y será mejor que el Euro, claro, o que el Yen o cualquier otro circulante.
—Sí —digo yo ante los cuates (todos con toalla porque somos mojados) los inmigrantes que venimos de suelo azteca somos una especie en pleno proceso de integración al bloque trinacional de Estados Unidos, México y Canadá. En especial el mojado. Los mexicanos somos un sector mayoritario entre la población inmigrante no sólo por la cercanía o vecindad con el gigante del norte.
y tal parece que los vientos del sur nos están empujando hacia el casquete polar del norte, como decía mi abuela, como contando los pasos en sentido contrario.
Es decir, si el hombre americano proviene de Asia, caminando por el estrecho de Bering, podemos advertir que los mexicanos llegaremos a Rusia o China, brincando alegremente por las Islas Aleutianas.
Yo tampoco fumo cosas raras, pero ¿sabían que en toda América y en el mundo dejó de hablarse abiertamente del T.L.C. desde Enero de 1994? Y es que los heroicos indígenas chiapanecos pusieron el dedo en la llaga, para mostrar al mundo los terribles estragos que la globalización está generando en los sectores más débiles de la sociedad…
Tengo que acortar mi discurso, o más bien el ansioso Chuy lo abrevia golpeando la mesita del comedor donde degustamos un café: ¡Es lo que yo digo! —exclama —me encanta eso de que los mexicanos andamos saltando de glaciar en glaciar hasta Alaska, ¡sí!, y llegaremos a otros continentes y seremos otra vez imperio!... Pero, amigos, volviendo a lo que les decía, más vale que se preparen porque en lo futuro no les pagarán sus horas en verdecitos dólares, sino en Pavos que tendrán un color grisecito, y ya no les diremos ojos de gringa sino ojos de guajolote. ¡Aija! ¡A mandar muchos pavos a Mexiquito lindo y querido, aunque no sea Día de Acción de Gracias…
Y así sigue esta tertulia descontrolada. Cada loco con su tema. Con decir que hasta hablamos del trenecito de La Loma de Tepic, que pronto funcionará con energía solar. Y se dejará de batallar por pagar combustible para moverlo. (Sea gasolina, diesel o leña).

viernes, 18 de diciembre de 2009

EL HOMBRE QUE ARDIO EN LOS ANGELES

Ver un hombre ardiendo es poco habitual y nada grato. Yo lo presencié sin poderlo creer; un indigente se quemaba vuelto tea humana en plena calle.
Se trataba de “Buda Jhonny”, un viejecito indigente, regordete, greñudo, barbón y de ojos azules. Todo ocurrió en la calle 3a., entre Berendo y New Hampshire, del populoso barrio latino-oriental de koreatown.
Apenas bajé del bus y me topé con esa escena irreal, gritos de alarma, escándalo histérico y el hombre en llamas (y no precisamente el que pintó Clemente Orozco) y un grupo de gente desesperada tratando de apagarlo a golpes de chamarras o lo que fuera.
Me acerqué atropelladamente en tanto echaba mano de mi mochila y sacaba el mandil de mi trabajo. Con él a manera de instrumento sofocador de incendios me sumé a la tarea de tragafuegos. No conseguimos apagar las llamas y para pasmo de todos, el individuo murió entre aullidos de dolor. Sólo hasta que estuvo en el suelo pudimos amainar el incendio, poco antes de que llegaran los bomberos. Al mismo tiempo llegaba la policía, que de inmediato se dio a la tarea de acordonar el área y apartar al mar de curiosos que se formó en torno.
Entonces me escurrí hasta ocupar el último lugar entre los mirones, no fuera a ser llevado a declarar y notificar, de paso, mi estatus de mojado.
Así que, de retirado, con entreabierta jeta y escurrimiento de glándulas salivales, estuve ahí un rato más.
Supe que la tea humana fue obra de un cholillo mariguano que al salir del "California's donas”, tropezó con el indigente y se le tiró el café. Enfurecido empezó a patear al anciano y no contento fue al auto, trepó y arrancó a toda velocidad, pero de pronto paró en seco, se bajó, bañó de gasolina al indigente y le prendió fuego, de modo que al arrancar de nuevo ya el hombre danzaba sobre la banqueta, convertido en antorcha humana. Nomás faltó que el pirómano se devolviera sólo para prender, con aquella lumbre, un cigarro, a tal grado de bestialismo y deshumanización, han llegado algunos sectores de esta sociedad).
La gigantesca urbe angelina se horrorizó con esta crueldad. El indigente se la pasaba tirado en la banqueta, pero no le hacía mal a nadie, como no fuera provocar nauseas con la rancia fetidez de sus humores, pues en verdad que apestaba a rayos.
Me retiré agobiado: Ah, este país dizque civilizado y con Premio Nobel de la Paz en la Casa Blanca.
Desde amas de casa, empleados, policías, hasta estudiantes y clérigos, son presa de la mano criminal, sin distinción. El crimen nos acecha desde las sombras.
Esa noche no pude dormir, miserables en llamas saltaban por todos lados y el Buda Johnny era una salamadra ejecutando horrenda danza con gritos de guerra en volutas de humo y cenizas.
Y en ratos, a la pesadilla se sumaba un cholo haciendo gestos de ira demencial.
Nunca imaginé venir desde Tepic a la Angelópolis y ver esto, pero así son las cosas.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

LAS HISTORIAS NEGRAS DE GASPARÍN

Fui criado en familia, aunque pobre, pacífica, amorosa y sencilla, remanso de paz, tal vez por eso no termino por adaptarme a Estados Unidos.
Con frecuencia añoro Tepic, mi queridísima capital de los baches, mi tejuinero y bicicletero rancho grande, donde la penal está super poblada con malandrines de toda clase, desde raterillos, que se vuelan los pistos del Wallmart, ladroncetes de barrio, golpeadores de mujeres, violines, matoncetes a sueldo, etc, generalmente flacuchos y chimuelos delincuentillos náyaros, pero acá en los yunaites hay horrendos crímenes que no sólo escandalizan, sino ponen al borde de un ataque de pánico a la paranoica sociedad norteamericana.
Crecí en un barrio de la colonia Menchaca, hasta cierto punto violento, pero nunca tuve acercamientos con criminales, ni supe de homicidios tan pavorosos como los que empecé a ver en los noticieros de la tele.
Ya desde niño, mi padre, asiduo lector de la revista "Jueves de Excelsior", nos comentaba a la familia, no sin cierta delicadeza, de los horripilantes crímenes cometidos en los EU: país que se presumía civilizado, con individuos como Charles Manson, el trístemente célebre "Hijo de Sam", ciegos seguidores y émulos del londinense "Jack, el destripador", el suicidio masivo de la secta daviniana en los años ochenta, las matanzas a campo abierto en universidades, restaurantes y hasta en un cuartel militar (Fort Hood, Texas, Nov. 2009), verdaderos actos de psicópatas, engendrados muchos de ellos en el seno de familias acaudaladas, pero disfuncionales.
Muchos actos criminales han sucedido, obviamente no de la magnitud del "9-11", el nain guan guan del 2001. Sucesos sangrientos de todo tipo, desde aquellos originados por violencia intrafamiliar, pleitos de trabajo, violencia pandilleril, etc, esos sí, para que lo anote la secretaria de Béjar Fonseca, esos sí son casos aislados, casos aislados señorita.
En los canales de televisión latinos (22, 34 y 62) abundan las noticias que son verdadera página, o pantalla, roja. Se ven entre agitados periodistas gabachos, orientales y negros, a nuestros enérgicos reporteros nahuatlacos, reportando en vivo dantescas escenas de sangre, sudor y muerte.
Y mientras así analizo, como orgulloso embajador nayarita en los Estados Unidos, (sólo que Obama no ha recibido mis cartas credenciales, puesto que soy pollo de plumas peinadas a codiciosos y voraces lengüetazos de coyotes y correteado por la migra), mientras así cavilo, en este restaurante donde trabajo, corto con rigor y nerviosismo los rábanos, ejotes y espinacas, rozando peligrosamente mi dedo índice acusador y de fuego. Con riesgo de que este pesado apéndice que tanto pone en tela de juicio al american way of life, sea rebanado al menos en sus callosidades. Los padrastros (cutícula) quedan temblando con el azote del cuchillo cebollero. Y sea por la cebolla o por mis episodios de mojado, limpio algunas lágrimas y con el mandil repliego el moqueo que se ha aflojado. Sí, son los cebollines que me hacen llorar. Y hasta el cilantro que está muy fuerte, muy fuerte.

lunes, 14 de diciembre de 2009

POR ALGO NO NOS QUIEREN, Y SIN EMBARGO NOS NECESITAN Compartir

Con la cara arañada por las ramas del cerro, brazos y piernas amoratados por los fregadazos en las pedregosas pendientes, y con el alma en un hilo, tensos los nervios y cansada la vista, llegamos a la ciudad, enorme mole de concreto, luces, sonidos ensordecedores y aire contaminado. Aunque trémula, febril, la ciudad nos recibe. Estallamos de júbilo, dando gracias a Dios por haber llegado con vida, a pesar de tanto sobresalto.
Describir la trayectoria física y los tropiezos emocionales es más fácil que relatar los senderos por los cuales transita nuestra mente, desde las profundidades del ser conducido sabiamente por un flujo divino de energía hasta estas coordenadas, sin que nosotros podamos explicarnos el porqué de lo exitoso de nuestra travesía.
¿Será que de verdad existe Dios con todo su séquito de fieles servidores? ¿Serán la causa y el efecto las únicas señales transversales del triunfo o la derrota?
He permanecido atento a los dictados de la mente y los apetitos de la carne, mas, ¿por qué estoy aquí?
Yo advierto que mi espíritu, silente, apacible, invulnerable, me contempla, como diciéndome: conóceme primero y luego llévame pa donde quieras.
Al llegar a este extraño suelo, miles de cosas debe uno afrontar además de la barrera lingüística y la adopción de normas de civilidad.
Comúnmente se nos pinta como gente muy sufrida, con calificativos de ciudadanos abnegados que emigran, hasta héroes, benefactores de nuestras comarcas o gente de verdad valiente.
Sin embargo, rara vez nos percatamos de las actitudes negativas, lanzando el grito en contra de la discriminación, abuso de patrones e injusticia de las leyes, pero sin mirar el dejo irresponsable en nuestro diario vivir.
Inundamos banquetas, comprando o vendiendo chuchulucos de todo tipo, como si anduviéramos en Tepito o en la calle Veracruz topando con Victoria.
Trepamos a las bancas como que si estuviéramos en un estadio, tiramos basura por todos lados, pisamos el césped, pintarrajeamos muros, pegamos infinidad de papeles en los postes anunciando toneladas de productos y servicios de manufactura casera o piratería.
Manejamos sin control ni educación vial, sin documentos ni seguro de auto, parqueándonos en lugares restringidos, dañamos instalaciones de escuelas, hospitales, oficinas, comercios y bibliotecas.
Las áreas latinas se caracterizan por el abandono material, deterioro físico-arquitectónico, contaminación del suelo y falta de aseo.
El gringo nos acepta como empleados y "conciudadanos", pero no como vecinos. Dicen que estamos recuperando el territorio que perdimos en el pasado, pero creo que si estos territorios pertenecieran a México estarían llenos de propaganda política y amenazados por la inseguridad.
Por algo no nos quieren. Y sin embargo, nos necesitan.

domingo, 13 de diciembre de 2009

UN MENUDO ANTES DEL SERMON DOMINICAL

Qué placentero es ir a misa, en domingo, pero antes de todo realizar un movimiento fundamental y estratégico; dirigirte a probar un delicioso menudo de res, primero desayunar que ser cristiano (no importa que el menudo no se lleve con el sabor de la hostia, que al cabo nunca comulgo).
Luego, acercarte a escuchar con atención, no digo devoción, las lecturas y sermones del padre Luciano, que de veras luce joven y sano en el bello y funcional templo de Nuestra Señora de Los Angeles, a un ladito de la placita Olvera, mexicanísimo lugar.
Menudean familias enteras en las esquinas y en las paradas del bus, muy bien vestidas. Los testigos de Jehová están por todas partes, empeñados, preocupadísimos por salvarnos. Te subes al autobús y no falta alguno de los 144 mil elegidos, que interrumpe tus escasos pensamientos saludables, para darte un "tratado", un panfletito en donde te preguntan a bocajarro: ¿a dónde desea irse al morir, al infierno o a la gloria? Ahhh chirrión ¿y por que tanta violencia? Capaz que para muchos ellos sean una muestra en vivo del infierno, con tanto asedio impertinente. Son como garrapatas santurronas.
Al bajarme del bus, en la calle 7a. y broadway, otro lecho marino con delfines y sirenas, cantando alabanzas, para invitarte a entrar a la mera, mera, "catedral de la fe" se trata de la mundialmente conocida "iglesia universal", que con el lema "pare de sufrir", ha ganado exagerada cantidad de adeptos y entre la feligresía están presentes algunos de la pujante y vigorosa legión de mojados y redimidos pollos. (Todo este comercio de la fe no difiere mucho de la menudería, con la salvedad de que allá me llenan la pancita y estos me atiborran la paciencia).
Por ambas aceras infinidad de gente, bien relujadita y con su Biblia bajo el brazo, hombres con turbante y mujeres completamente cubiertas de tela, que se dirigen a su centro de adoración.
Si caminas por las calles angelinas, verás infinidad de iglesias, centros de adoración, con gran diversidad de denominaciones, credos y prácticas religiosas. Ala, Jehová, Jahvé, Buda, Tao, Shiva, Krihsna, Jesucristo.
En este país también se dan el lujo de hacer a un lado los dogmas milenarios y le entran a los cultos chamánicos, "la luz del mundo", rosacruces, davinianos, y hasta los adoradores de la "santa muerte".
La enmienda número uno de la Constitución americana protege la libertad de credo y expresión, así que amparados en su letra, muchas agrupaciones de dudosa condición moral o ciudadana se han fletado en la apertura de iglesias e instituciones de corte religioso.
Muchas de ellas han sido acusadas de fraude y enfrentan duras demandas de orden federal, por delitos comprobados.
Yo me sigo arrimando a ver la imagen del Santo Niño de Atocha, el que me permitió volver a ver a mis hijas y a mi madre moribunda, así como la Santísima Sombra del Señor San Pedro, mi gran benefactor y potenciador de amor.

sábado, 12 de diciembre de 2009

AMANECER FANATICO O LAS MAÑANITAS DE JEHOVA

Es domingo, alguien toca a la puerta y me saca abruptamente del mundo de los sueños. Supongo es de madrugada. Veo el reloj, marca las siete. Uf, demasiado de madrugada.
Por la mirilla observo, son los Testigos de Jehová, como siempre, con su inflada, deforme y dientona carota en el pequeñísimo visor. Bostezando vuelvo a mi camastro. Mi rommate (compañero de apartamento) se ha marchado hace rato en medio de ruidosos ajetreos y mentando madres porque otra vez se le hizo tarde, según escuché entre bambalinas del narcotizante Morfeo. El depa es mío y la mañana es una niña que me sonríe y dice: anane, sigue haciendo la meme. Como oso me arrellano en mi alambrerío forrado de algodón, decidido a seguir durmiendo la mona y que los “testículos de Jehová” (como les llama un profano que conozco), reinventen la Biblia a mis puertas, si quieren.
Sin embargo, el empeño de sus nudillos, como queriendo derribar con arietes una muralla, no me permite concentrarme en mi tarea de Bello Durmiente. Como es usual, visten impecables; camisa blanca de manga corta, corbata, pantalón de vestir, (parecen meseros de catego) y traen elegante maletín tipo hombres de negocios. Su estruendo e impaciencia (ansiosos por salvarme) termina decidiéndome por abrir, de otro modo no se largarán. Un abonero no es tan apurón, ni el manager del edificio, menos una sexoservidora, como estos promotores de la fe.
Asomo despeinado y semiencuerado, como si en vez de la cama viniera de ejecutar un table dance. Mojado y teibolero, válgame Dios.
Cómo está, señor, ya venimos como siempre a saludarlo y a traerle la buena nueva. Y como no queriendo, entre pregunta y pregunta desgranan anécdotas que me sé de memoria y referencias al libro aquel que se escribió quién sabe cuándo, y se leyó quién sabe dónde, versículo tal y tal.
El tópico fundamental es la obediencia a un Dios que está escrito en su libro y grabado en mi conciencia.
Hago un esfuerzo sobrehumano para no quedarme dormido ante tan estos emocionados expositores del evangelio. (Recargado en su propagandístico hombro).
¿Estaría usted dispuesto a escucharnos? (Error estratégico. Esas cosas no se preguntan, se toman por asalto. Ya estuvieran, sin mi permiso, posesionándose de la sala). De inmediato, sin pedirme parecer mi cabeza dice que no, que prefiero seguir con las tareas que estaba haciendo en base a caidita de pestañas.
Doña Tranquilina, la mamá de Pedrito pasa y me hace un gesto, como diciendo; mándelos a la goma y méngache a la misa dominical, en la placita Olvera.
Mis ofrecedores de la fe, viendo que soy un irredento güevonazo que más se preocupa por críar babas en la almohada, amablemente me dejan sus atalayas y demás papelitos y se marchan con su porte de ejecutivos.
Voy a mi poltrona, con mi cargamento de documentos religiosos que dejo arriba del refri, por si a mi compa le interesa revisarlos y salvar su alma. Aunque lo dudo porque es un completo agnóstico convencido por la propaganda (posteo) facebookero de Omar G. Nieves. Sea por Dios.

viernes, 11 de diciembre de 2009

OBSERVACIONES DE UN MOJADO FRANCISCANO Y MEDIO JESUITA

Hay aquí gran diversidad de credos e iglesias, gente que va por la calle a veces gritando, otras veces cuchicheando, sus apreciaciones sobre las cosas de Dios y sus influjos.
Parece que en los yunaites, el aguila imperial, a la patria una iglesia en cada hijo le dio.
Yo no me explico cómo esa gran diversidad convive, coexiste, sin que se den fricciones. Aun cuando han sido denunciadas, las iglesias "de Dios", siguen funcionando, como intermediarias de la fe.
Abundan las huestes católicas, me incluyo entre ellas, aunque no guadalupano, pero sí franciscano, medio jesuita y seguidor de la teología de la liberación, por ahí va mi rollo.
Han crecido como hongos tras la lluvia, las iglesias evangélicas o protestantes, amplio abanico de luteranos, anglicanos, presbiterianos, metodistas y pentecostales. Estos últimos han penetrado, como cuchillo en mantequilla, a la población latinoamericana.
En el área angelina, las iglesias que existen se ajustan a tu presupuesto, son muy pobretonas, se sostienen vendiendo pupusas (gruesas tortillas de maíz salvadoreñas) y tamales en la banqueta, pero hay también lujosos templos y sinagogas de donde entran y salen opulentos personajes y mujeres más bellas que las de Tierra Santa.
La iglesia ortodoxa aglutina a la comunidad europea del este y de los llamados países bajos, turcos, griegos, serbios, albaneses, chipriotas y armenios, etc. Gente muy singular entre los cuales uno no puede colarse entre sus filtros selectivos, ujieres que luego te detectan y casi te truenan los dedos, al ver tu pétrea y cactácea fisonomía mesoamericana, o sea tu bigotito partido, lampiñón y tu cachucha del Toluca.
Entre los orientales, sobre todo coreanos y filipinos, se reproduce el amplio espectro evangélico-católico, sin embargo, aunque incipiente se da la expresión del culto budista en toda su diversidad, sintoístas, hinduistas, mahometanos y hare krishnas.
Cada quien vive su espiritualidad, como privilegio de conciencia y beneficio de protección legal.
Ha crecido mucho la controversial "iglesia universal", también conocida como "pare de sufrir". A mí me consta la gran costalada de dólares que recogen los ujieres y edecanes para llevarlos "al altar del señor”. Obispo, le llaman ellos. Unos intermediarios de la fe algo careros y mañosones, pues a cambio de una "rosa de Sharon", el aceite consagrado y sus continuos tours a "la tierra prometida", le ofrecen el alivio y salvación a centenares de incautos, que anhelan tranquilidad en sus vidas y paz en su corazón. Iglesia universal, modernos mercaderes de la fe,
testigos de Jehová, mormones, la luz del mundo, chamánicos, rosacruces y hasta la "Iglesia de la santa muerte", todas compiten por acaparar la gran demanda de alivio emocional y estabilidad afectiva y social.
Yo, como humilde ciudadano del mundo, mojado de condición, respeto a todos, no me persigno ni me hinco, pero sí imploro a mi Dios para que todo salga bien y todos vivamos cada día mejor. No me alboroto para entrar a alguna iglesia, entro o salgo sin sentirme comprometido con nadie. Mi Dios es un Dios de libertades no de esclavitud, fanatismo o conveniencia. Como un mojado espiritualmente definido simplemente digo; a Dios rogando y con el mazo dando.

jueves, 10 de diciembre de 2009

LA CATEDRA RELIGIOSA DE MI AMIGO TONY

Yo que llegué a decir en mis años de imberbe agitador estudiantil y de militante sindical, "la religión es el opio del pueblo", según Marx, hoy tengo mis dudas, luego de mis percances en la línea fronteriza, supervivente de dos graves accidentes gracias a Dios y a la sagrada Sombra del Señor San Pedro.
Decía mi amigo Tony, un tapatío conocedor de los rollos cuasi espirituales, cuasi pagano-religiosos, lo que anida dentro de tu conciencia es un miedo terrible a todo lo existente. En tanto que piensas y actúas por miedo, no existe fe y todo lo que crees hacer con devoción y amor se convierte en fanatismo e intolerancia religiosa.
La gente confunde la fe con las ganas de ir a misa. Echemos una vista rápida al corazón lastimado de un mojado, que siempre racionalizó, que miró con lente intelectual las figuras, símbolos y potestades religiosas, pero que ahora, parado sobre la mismísima falla de San Andrés sabe que puede desaparecer de un instante a otro, tragado por la tierra o aplastado por bloques de concreto.
Lo básico está, me dijo Tony, en aceptar tu condición de ser perfectible, nunca perfecto, y más que defectuoso, ingobernable en tu vida. ¿Por qué estás aquí? No lo sabes, aunque me sueltes una tempestad de frases vanas. ¿A dónde quieres ir? Y no me hables de los grandes proyectos generados en tu mente, mucho menos de corazonadas, que de nuevo te digo, son brincos del corazón, y no de amor sino de miedo.
Tal vez sepas en dónde andas y qué es lo que haces pero tus antecedentes y el futuro descansan en grandes profundidades que tal vez un día puedas conocer, pero con una visión diferente. Mirar distinto, completamente distinto, es mirar con los ojos de Dios.
La gente acá se pavonea de estar muy cerca de Dios, pero se aleja de sus semejantes. Tú, católico, le cierras la puerta al protestante, tú evangélico, a fuerzas quieres que el católico abandone la doctrina familiar y entre a tu búsqueda, a veces sensata, a veces obcecada de las verdades escritas en tu Biblia, que dices es muy distinta a la que ha escrito y difundido la curia romana.
La ciudad de Los Angeles a diario recibe personas de distinta condición y credos. Una auténtica Torre de Babel que te impide acercarte al Dios que llevas dentro. Somos parte de la divinidad, unos de una forma, otros de otra, pero constituimos ese flujo energético que surgió de la nada, del gigantesco big-bang, al que conviene echarle un vistazo por aquello de que creas que el mundo fue bellamente fundado y decorado en siete días, por un Dios que aún no existía, porque nació en la conciencia de los hombres…
Guaaauuu... tremenda cátedra de teología. Reflexión que de todos modos no me impidió más adelante asomar a distintos ritos (menos los narco-satánicos, chamánicos, o los de la "Santa Muerte"). Pero de ahí en demás hasta adorador del Niño Fidencio. (Pa las pulgas de Marx).
Cierro mis ojos y ruego a Dios conduzca por buen camino mis pasos de mojado.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

UNA CHARLA DURANTE EL BREAK

Salvador Graciano, mejor conocido con el shortname de "chava" es campeón en preparar vistosos platillos y arcones con frutas y legumbres, bellamente adornados.
Aunque malpagado (9 dolares por hora), su producto es bastante caro; saliendo en veloz deliver, desde Joan's on third, estará ocupando un lugar especial en un banquete, reunión o evento social, como un apetitoso tentempié, pero más que eso es un bello ornato, una obra de arte.
Chava se vino de su natal San Dionicio de la Cuenca, Oaxaca, para "sacar al puerco de la milpa", es decir, un fuerte aprieto de dinero y otros líos lo obligaron a escapar de su empobrecido pueblo.
Sus dos locales del mercado quebraron, tuvo un lío de tierras y todo hizo nudo ciego cuando los bancos se quisieron cobrar hasta el último centavo de la deuda y todavía más por los altísimos intereses del capital y moratorios. Se metió al Barzón y todo iba bien, pero la familia de un cacique quiso sacar ventaja de la organización y vino el conflicto. “Hubo gritos, sombrerazos, todo subió de tono, hasta llegar a los golpes, las amenazas, los balazos y pa' que te cuento” —dice Chava—.
Con el recuerdo, se enardece: Pinches políticos de México, la verdad es que todos son unas ratas, chinguen a su madre los gobiernos de México.
En el ejido lo nombraron comisario, aun siendo muy joven: Si entras a la política es por rata o porque de veras tienes güevos, no hay de otra, tanto que te jodes por ayudar a la pobre gente y luego, por lineazo de alguien de arriba, sea del gobierno o de la oposición, te imponen a un perfumadito maricón, mandándote mucho a la fregada.
Mire, don Juan (o sea yo, Gasparín), usted fue maestro en su tierra, no sé qué chingados anda haciendo por acá ni me interesa, pero eso sí le digo que muchos paisas se vienen y aunque les salgan callos en las patas y anden sudando hasta por detrás, no conocen para nada el terreno que han pisado. Aquí no ocupamos enemigos políticos, ni policías, ni espionaje de ningún tipo. La mayoría nos atacamos unos a otros, nos hacemos de la vista gorda y de plano somos egoístas y nos jalamos la cobija.
Vea la diferencia con los de arriba, demócratas y republicanos se unen para seguir controlando el barco y aunque ahora con la recesión parece que se hunde, ellos andan buscando la forma de sacar adelante al país. Aparentan estar peleados públicamente, pero adentro, entre sus dirigencias, hay un entendimiento mutuo, demócratas y republicanos son amantes inseparables. Ah, pos mire, que ese Obama a quien casi nadie conocía, y además de piel oscura, esta allá muy bien apalancado en su oficina oval.
Ellos están bien unidos, demócratas y republicanos, nosotros los mojados, y los mexicanos en general, estamos más partidos que los partidos de nuestro país...
Nuestro "break" (descanso) termina y Chava concluye su discurso. Con fiebre política, regresamos a seguir el jale, todavía un tanto enculebrados.

RETRATO DEL MOJADO DISFRAZADO

Con idiosincracia traída a golpe de calcetín, conservada por recato y respeto a los mayores y por el amor a su tierra, hay mojados que llegan vistiendo ropa ligera, cachucha y suéter amarrado al cuello o enredado en la cintura, tenis y algún pequeño bolso o mochila. Son todas sus pertenencias. La ropa la traen puesta por días o semanas, maloliente, rota y sudorosa. En la cartera, la foto familiar, la estampa del santo familiar y los sueños de grandeza o cuando menos de mejoramiento o supervivencia.
Portan su cultura, la traen en la piel, en la agudeza de la mirada, en las conversaciones, en palabras e historias, chismes y lamentaciones que toman diferente forma lingüística, pero conducen a lo mismo: ya estamos aquí, venimos a trabajar.
El amor propio, la defensa que hace de usos y costumbres, manera de ser y de pensar, son sus prendas íntimas.
Pero en este imperio del dólar donde se ganan billullos verdes también se pierden, si te descuidas, el honor, la honra y el decoro.
Es el motivo de que muchos de estos paisas, inconfundiblemente mexicanos por sus rasgos fisonómicos, pelito liso y bigote ralo como Cantinflas, cambien su look a tremendas trenzotas, pelos teñidos y tatuajes hasta en sus pudendas partes, como diciendo una y otra vez: "i am here" ya llegué, ya estoy aquí.
Estamos en el país de las libertades y cada quien puede vestirse y arreglarse como quiera. Al gringo no le importan tus indumentarias y tus arrebatos rockeros o regaetoneros. El patrón lo que quiere es eficiencia y productividad, no importan los disfraces.
Cada humano es un ser irrepetible, aunque te vuelvan a reproducir por clonación y te hagas llamar Jeremy Snake de todos modos te conocemos como Jeremías culebras, oriundo del Ciruelo, ahora Laureles y Góngora, Nayarit.
Algunas chicas o señoronas mojadas, comienzan a vestir muy nice, paseándose, por Macys, Rosse o Sears, aunque sea para comprarse alguna bagatela, van perdiendo su autenticidad de doncellas chichimecas y se transfiguran en muñecas artificiales de Hollywood, con un corte modernón estilo Paris Hilton, Lucciana Aldanni o ya de perdis, pelona a rape como Demis Moore o la drogadicta Britney Spears.
Hay chavos de inconfundible descendencia mexica, con docenas de perforaciones en la cara, pantalones ruñidos como por mordedura de rata, y tremenda trenzota gorda. Los puedes ver saliendo del metro, cruzando la acera o de plano aplastados a dos nalgas en la banqueta, oyendo música que ni siquiera entienden, pero que los hace sacudir la cabeza; oohh yey, yey, yey, para no dormirse, haciendo infinidad de muecas en su manía de llamar la atención.
Son algunos de las diversas clases de individuos, algunos de ellos mutantes, sin duda, dentro de la amplia galería del mojado, que suelen verse aquí en Los Angeles, ciudad cosmopolita, abigarrada, bizarra y siempre magnánima.